Por Roberto Cabrera
Artista y Crítico de arte guatemalteco
Buen dibujante, fino colorista, con un sentido innato de plasticidad en las formas que emplea, reúne virtudes que a mi manera de ver no siempre se dan la mano en la expresión plástica: fuerza y delicadeza. Sí, su pintura tiene fuerza, refleja pasión, y al mismo tiempo una serie de sutilezas formales que es lo que le inyecta verdadera calidad. Cuando digo “ fuerza” no me refiero necesariamente a sus valores de contenido; a su temática de denuncia por el clima de violencia que impera en nuestro país, cosa que, obviamente, está presente en su obra. En ese aspecto … allá el. Mi respeto es por el artista capaz de hacer pintura con cualquier tema que tome entre sus manos y con medios exclusivamente artísticos; por el artista cuya intuición le permite descubrir siempre la verdad en todo cuanto le rodea, “la poesía – como bien dice Cardoza y Aragón – se encuentra lo mismo en el cielo que en el bote de la basura”.
Por lo demás, su inquietud, que se manifiesta en una constante renovación donde el grado de madurez alcanzado deviene en un lenguaje cada vez más sintético, es la mejor garantía de un artista auténtico que sigue adelante, sin repetirse, sin detenerse, en pos de su propia superación.
La obra actual de Elmar Rojas materializa una significación que se viene gestando desde hace algunos años; figuración cada vez más apegada a la cotidianidad de la realidad latinoamericana. Su pintura expresa situaciones y acontecimientos que son parte de nuestra crónica histórica-social, violenta y liberadora. En sus pinturas, los personajes emergen de la materia plástica para señalar lo que de tan insistente se va haciendo desconocido: nuestra realidad. La pintura hoy, no puede olvidar que está determinada por el entorno y las múltiples relaciones de objetos y fenómenos que son parte de nuestra realidad objetiva y nuestra visión del mundo. Por eso no importa por ahora, que Rojas sea antes que nada un buen pintor ( que hay pocos ), sino que su oficio esté al servicio de una comunicación abierta y que haga uso de signos cada vez más accesibles y enunciadores.
Pintar, como cualquier trabajo creador no es una labor para distraer la conciencia, sino para despertarla. Los cuadros de Rojas quieren evidenciar, dilatar nuestra percepción para que alcancemos la comprensión de lo que está junto a nosotros. Pero antes que nadas son buena pintura, “bien hecha” y a la vez denunciadora.


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